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Sin socios para la paz

Estimados,

Durante tres años, los intentos de tratativas entre Israel y los dirigentes palestinos fracasaron por falta de confianza. Ahora, a pesar del nuevo y amplio gobierno de coalición, es poco probable que ambas partes se muestren dispuestas a retornar a la mesa de negociaciones, pero eso no significa que el status quo deba ser congelado en su estado actual.

Israel no precisa esperar un acuerdo definitivo con los palestinos. Lo que necesita es un enfoque unilateral radicalmente nuevo: Se deben establecer condiciones para un compromiso territorial basado en el principio de dos Estados, lo que resulta esencial para el futuro de Israel en su doble condición de Estado judío y democrático.

Israel puede y debe tomar medidas constructivas para hacer realidad los dos Estados sobre la base de las fronteras de 1967, con intercambios de tierras iindependientemente de si los líderes palestinos están dispuestos a aceptarlas o no. A través de una serie de acciones unilaterales, cambios graduales, pero tangibles, puede comenzar a transformar la situación en la práctica.

Israel debe declarar en primer lugar su voluntad de volver a negociar en cualquier momento, sin intenciones de reclamar soberanía sobre áreas ubicadas al este de la actual valla de seguridad. A continuación, debe poner fin a toda construcción de asentamientos al este de la valla y en los barrios árabes de Jerusalén. Además, debe forjar un plan para ayudar a reubicar, dentro de las fronteras israelíes reconocidas, a los 100.000 colonos que viven al este de la valla.

Dicho plan no podrá producir un efecto completo si previamente no está en vigencia un acuerdo de paz. Sin embargo, permitirá a los colonos prepararse para la reubicación y minimizar las perturbaciones económicas. Israel debería además promulgar una ley de evacuación voluntaria, indemnización y absorción para los colonos establecidos al este de la valla de seguridad, lo cual habría de permitirles a los que así lo deseen, comenzar a reubicarse antes de que haya un acuerdo con los palestinos.

Según un sondeo realizado esta semana por el encuestador israelí Rafi Smith, casi el 30% de esos 100.000 colonos preferirían aceptar una indemnización y una reubicación rápida dentro de la Línea Verde - la frontera anterior a 1967, que divide Israel de Cisjordania - o en los bloques de asentamientos adyacentes, los cuales tienen altas probabilidades de convertirse en parte de Israel en cualquier acuerdo de intercambio de territorios.

Los críticos argumentarán que las medidas unilaterales por parte de Israel no han sido más que fracasos; en especial, la abrupta retirada de la Franja de Gaza en 2005, que dejó sin hogar a los colonos, permitiendo a Hamás ocupar un espacio vacío, listo para lanzar misiles.

Pero se puede aprender de esos errores. En nuevas tratativas se debería establecer que el Ejército israelí permanecería en Cisjordania hasta que el conflicto estuviera oficialmente resuelto con un acuerdo definitivo e Israel no podría obligar físicamente a sus ciudadanos a abandonar los asentamientos hasta que no se lograra un pacto, incluso si se hubieran comenzado preparativos mucho antes de alcanzarlo.

Ciertamente, no es de esperar que aquellos colonos con una mayor motivación ideológica apoyen este plan; su visión del futuro de Israel difiere radicalmente de cualquier solución posible.

La Autoridad Palestina ya ha tomado medidas unilaterales al buscar su reconocimiento como Estado ante la ONU, y al ocuparse de la creación de sus instituciones en Cisjordania. Ninguna de esas acciones contradice la visión de dos Estados. Aunque muchos israelíes y el mismo gobierno de Obama se hayan opuesto a la candidatura palestina, ello podría habernos acercado mucho más a aquel resultado si Israel se hubiera mostrado dispuesto a acogerlo en lugar de combatirlo.

Después de todo, a Israel le resultaría mucho más fácil negociar con un Estado que con una entidad no estatal como la Autoridad Palestina. Y la condición de Estado terminaría por socavar el argumento al que apelan los palestinos para defender la aplicación de un derecho al retorno de los refugiados, ya que en tal caso éstos contarían con un Estado propio al cual poder retornar.

El unilateralismo constructivo sería también del interés de Estados Unidos. Si Obama se decidiera a apoyar esta estrategia, se ocuparía de impulsar medidas destinadas a facilitar un pacto final basado en los parámetros propuestos por Bill Clinton en 2000.

Un acuerdo final de paz resulta inalcanzable en estos momentos. Los esfuerzos deben concentrarse, en cambio, en establecer hechos concretos en la práctica, comenzando con la creación de una realidad de dos Estados. Dicen que el peor enemigo del «muy bueno» es el «excelente». Tan imperfecto como parezca, este plan puede reducir tensiones y generar esperanza entre israelíes y palestinos por igual, para que ellos a su vez ejerzan presión sobre sus líderes con el claro objetivo de lograr una solución que determine el fin del conflicto.

Y lo más importante: Este accionar le permitirá a Israel poner su destino en sus propias manos y actuar en favor de su interés nacional a largo plazo sin tener que culpar a los palestinos por lo que hagan o dejen de hacer.

¡Buena Semana!