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Más de lo mismo, a menos que…

Alarma «Color rojo»Una nueva escalada de violencia volvió a asolar el territorio de la Franja de Gaza y el sur y centro de Israel, aunque una oportuna tregua evitó que se produzca una verdadera matanza. Las muertes causadas por los enfrentamientos fueron suficientes para sacudir una vez más la consciencia mundial.

Y, como es habitual en estos casos, la opinión pública volvió a dividirse entre quienes se identifican con la causa israelí y quienes optan por solidarizarse con el pueblo palestino, confirmando que tan o más importante que la correlación de fuerzas es la capacidad de ambas partes para inclinar a su favor las simpatías del exterior.

En el terreno militar, dicha correlación de fuerzas es de una abrumadora supremacía israelí. El poderío de uno de los ejércitos mejor equipados y entrenados del mundo no puede ser comparado con el brazo armado de Hamás, aunque la organización terrorista agreda el territorio israelí diariamente.

Las imágenes que dan cuenta de los estragos causados por las represalias israelíes contrastan con los daños de la población judía y con los misiles lanzados por Hamás generalmente interceptados por el sistema «Cúpula de Hierro».

Sin embargo, el saldo que dejó la operación «Pilar Defensivo», y que se libra en campo de la opinión pública internacional, es mayormente desfavorable a la causa israelí. El resultado de tal situación es que cada éxito militar del Estado hebreo es un paso más hacia la pérdida de la solidaridad internacional y un nuevo estímulo a la causa palestina.
 
Desgraciadamente, quienes más se benefician del desprestigio de las razones israelíes son nada menos que los principales causantes de la violencia, los únicos que por cuestión de principios rechazan cualquier posibilidad de dirimir el conflicto por vía pacífica, los intransigentes y radicales terroristas de Hamás.

Y mientras ellos se fortalecen, se debilita la posición negociadora de Al Fatah, el partido del presidente Mahmud Abbás que gobierna Cisjordania, y por consiguiente de la Autoridad Palestina.

Así, se fortalecen las facciones más belicistas de ambos lados, y se pone en situación cada vez más difícil a quienes se empeñan, pese a las frustraciones, en viabilizar las tratativas diplomáticas.

La tregua alcanzada, con lo frágil e insuficiente que es, abre sin embargo la posibilidad de que la diplomacia internacional, encabezada por Hillary Clinton y Mohammed Mursi, secretaria de Estado de EE.UU y presidente de Egipto, respectivamente, respaldada por países árabes y europeos, logre imponerse para cerrar el paso con el mismo vigor a los sectores más intransigentes tanto de Israel como de la Autoridad Palestina, obligándolos a volver a sentarse a la mesa de negociaciones sobre la base de la única solución posible que es el reconocimiento mutuo de dos Estados.

Es de esperar, por ello, que durante los próximos días se produzca una aceptación, si no unánime por lo menos ampliamente mayoritaria, de la solicitud de reconocimiento del Estado palestino que será presentada ante la ONU y que Hamás reconozca, de una buena vez, a Israel.

No resultará nada fácil, pero si algo aprendimos de la reciente operación es que todas las demás alternativas son peores para todos.