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El poder de una carpa

Un acuerdo de responsabilidad mutua prevalece aún entre los ciudadanos israelíes. Y esa es la razón por la cual la mayoría de nosotros sentimos hoy un gran alivio: No traicionamos a un soldado cautivo; no lo abandonamos; no dejamos que se muera solo. Esa es nuestra gran victoria.

Luego de 16 meses de protesta en una carpa cerca de la residencia del primer ministro, Noam y Aviva Shalit finalmente han vencido a Binyamín Netanyahu. Por eso, es algo bueno poder escuchar los elogios que recibe ahora el mandatario por su valor (?), y también es muy interesante oír las retorcidas explicaciones sobre el impacto de la primavera árabe, pero la verdad es mucho más sencilla: Netanyahu simplemente cedió.

Sin esa carpa que no le dio ni un solo respiro; sin el elegante acoso de Noam y Aviva Shalit, quienes pasaron las vacaciones en la acera cerca de su casa, y sin las manifestaciones de miles de israelíes, Gilad Shalit aún estaría en un sótano de Gaza.

No hay otra alternativa: Los políticos sólo entienden la presión. Ellos tienen tantos problemas, tantas tareas, tantos incendios que apagar, que sólo actúan una vez que la presión se vuelve del todo insoportable. Y Netanyahu es el campeón de los deudores. Dejará para mañana cualquier problema que pueda resolver hoy mismo.

Y así, si Aviva y Noam Shalit hubieran levantado su carpa inmediatamente después del secuestro, habrían recuperado a su hijo antes, según parece. Pero al principio prefirieron creer en el entonces primer ministro Ehud Olmert, y luego en Netanyahu, quienes les aseguraron que estaban haciendo todo por lo posible por recuperar a Gilad. Sin embargo, Olmert rechazó un intercambio similar al que se ha aceptado ahora y Bibi, por su parte, decidió no decidir. Hasta que la carpa se levantó y la presión hizo su trabajo.

Es muy extraño oír el elogio que se hace de Netanyahu ahora. Después de todo, traicionó su concepción de mundo y todas sus creencias. Él es "Sr. Terror", un político que ha basado su carrera en conferencias y libros que predicaban a todo el mundo su exigencia de no ceder ante el terror, sin importar lo que pudiera ocurrir. Entonces, ¿por qué motivo se lo elogia tanto?; ¿por dar un espectacular salto mortal hacia atrás?

Resulta muy irritante escuchar las declaraciones de quienes critican el canje al afirmar que no debería ponerse en libertad a asesinos que aún tienen "sangre en sus manos". Se trata de un eslogan vació que ignora la realidad. ¿Quién no tiene las manos manchadas con sangre en esta larga y maldita guerra? ¿Cuál es la gran diferencia entre una persona que comete un asesinato con sus propias manos y alguien que envía a otros para que ejecuten un ataque? ¿Y cuál es la diferencia entre ellos y los políticos que deciden un asesinato, una operación militar o un sangriento bombardeo aéreo? Tener "sangre en las manos" constituye la esencia misma de la guerra.

Fastidia mucho también escuchar a los ultraderechistas que se oponen al canje atacando su "alto costo", su "entrega vergonzosa", la "humillación" y el "premio para el terror" que implica. Porque la verdad es todo lo contrario: El costo es bajo y no se trata de una entrega, sino más bien de una victoria.

El costo es bajo porque de los 1.027 prisioneros liberados, sólo 200 son importantes, por lo cual ni aumenta ni disminuye considerablemente el peligro de ataques terroristas y secuestros; otro 1 por ciento no significa demasiado. Los Qassam continuarán cayendo; las infiltraciones en Gaza se seguirán intentando, y sólo recientemente se ha registrado un intento de secuestro a israelíes a través de la vulnerada frontera con Egipto.

E incluso si hubiera un cierto aumento en el nivel de peligrosidad, ese es precisamente el precio que el pueblo israelí está dispuesto a pagar. Una gran mayoría está preparada a asumir un riesgo adicional por Shalit, lo que demuestra que, a pesar de todas las quejas y las críticas de la sociedad israelí, ésta todavía sigue siendo una sociedad solidaria.

Un acuerdo no escrito de mutua responsabilidad prevalece aún entre los ciudadanos. Y esa es la razón por la cual la mayoría de nosotros sentimos hoy un gran alivio: No traicionamos a un soldado cautivo; no lo abandonamos; no dejamos que se muera solo. Por lo tanto, no se trata de una rendición ante el terrorismo, sino de una gran victoria para el espíritu de Israel.

Además, es evidente que dejar a Shalit abandonado a su suerte hubiera debilitado a Tzáhal. Porque ¿cómo podría un soldado ir a luchar y cómo podrían sus padres apoyar las misiones de combate de sus hijos a sabiendas de que, si son capturados, nadie habrá de ocuparse de su liberación?

Aquellos que se oponen al acuerdo deben reconocer también que, de no haber sido implementado, todos los signos de Shalit iban a desaparecer un día, y en ese caso, habrían surgido dudas acerca de si aún está vivo. Pero nunca habría dejado de ser un problema; las manifestaciones por su liberación se habrían mantenido, y la herida no habría parado de sangrar, causando un enorme daño a nuestra moral y resistencia.

Tal es lo que sucedió con Ron Arad. Él podría haber sido salvado, pero el gobierno pretendía un mejor acuerdo. La cruel verdad es que la muerte de Arad allanó el camino para la liberación de Shalit.

Fuente: Haaretz - 16.10.11
Traducción: www.argentina.co.il