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El tsunami turco

Al solicitar el regreso de su embajador, Turquía no hizo otra cosa más que mostrar el camino a los embajadores de Egipto y Jordania en Israel; y eso es sólo el comienzo. Una vez que la ONU reconozca al Estado palestino, éstos no podrán seguir considerándose como una entidad temporal.

¿Cuál es la relación que hay entre las masas exigiendo justicia social, el empeoramiento de las relaciones con Turquía y el anunciado reconocimiento ante las Naciones Unidas de un Estado palestino? ¿Qué tiene que ver Kikar Hamediná de Tel Aviv ver con la Plaza Taksim de Estambul y con la Plaza Manara de Ramallah? ¿Qué vincula al debate entre partidarios y opositores de romper el marco presupuestario con el déficit de los palestinos o con la degradación de las relaciones con Ánkara? El retorno del embajador y de su vice a Israel le ahorrará al estado dos buenos salarios, dejando un poquito más de dinero disponible para invertir en educación primaria gratuita.

Con el debido respeto a Turquía (de hecho, no hemos mostrado ninguno; recordemos el affaire del embajador turco sentado en la silla baja), el pueblo de Israel habrá de sobrevivir incluso sin un embajador y vice-embajador en Ánkara. Ningún desastre va a ocurrir si las Naciones Unidas, que tanto menospreciamos, decide arrojarles un hueso a los palestinos, y si unos cuantos jóvenes deciden emprenden una marcha hacia los asentamientos. Nuestros soldados altamente entrenados entrarán en acción; los perros de los colonos les saltarán encima y todo irá bien.

¿Correcto? En absoluto. La crisis en las relaciones con Turquía constituye una alerta roja advirtiéndonos de los ataques que vamos a sufrir en tres frentes: diplomático, económico y de seguridad. Afectará las vidas de 450.000 manifestantes y de otras muchas personas más que han exigido justicia social desde los sofás de sus salas de estar.

Los voceros del gobierno se dedicaron a recorrer los programas de televisión durante la semana para explicar que la avalancha entre Ánkara y Jerusalén no tiene nada que ver con el asunto de la disculpa, sino más bien con el tipo de régimen que gobierna Turquía. Podría ser. Pero si el gobierno de Netanyahu hubiera descongelado las negociaciones sobre el fin de la ocupación y evitado la crisis que llevó a los palestinos a acudir a las Naciones Unidas, Turquía no se hubiera visto obligada a convertir a la flotilla en un tema de tanta trascendencia.

Al solicitar el regreso de su embajador, Turquía no estaba haciendo otra cosa más que mostrar el camino para los embajadores de Egipto y Jordania en Israel, y eso es sólo el comienzo. Una vez que las Naciones Unidas den cumplimiento a la solicitud de los palestinos de un Estado propio, los palestinos ya no podrán seguir considerándose a sí mismos como una entidad temporal denominada "Autoridad Palestina". ¿Cómo habrá de reaccionar Francia cuando Israel se niegue a permitir el regreso del presidente palestino, Mahmud Abbás, tras una visita oficial de París, con un pasaporte de la Palestina independiente?

Abbás tiene 76 años. Sus colaboradores más cercanos están seguros de que, así como las Naciones Unidas podrán mostrarle a Israel el camino para terminar con la ocupación, Abbás sabrá encontrar la manera de dejar la Mukata. El veterano activista de Al Fatah, Jibril Rajoub, declaró recientemente a un grupo de israelíes que visitaban la oficina de Abbás, que enfrente de ellos tenían al último socio para una solución de dos estados. De hecho, es difícil encontrar a un líder palestino que esté dispuesto a declarar públicamente que su presencia en Ramallah constituye también una expresión del ejercicio del derecho de retorno. Sitios web de Hamás han condenado fuertemente estas declaraciones.

Los jóvenes del Boulevard Rothschild deben tener sus carpas a mano. Van a necesitarlas muy pronto, cuando sean enviados a defender a sus hermanos, los habitantes de los asentamientos. Quienes no quieren saber nada con el problema de la ocupación hoy, se verán obligados a tener que enfrentarlo en el futuro. Y si los manifestantes no tienen tiempo para abordar cuestiones marginales como la justicia universal, deberían preguntarles a sus economistas cuánto habrá de costarnos la inminente crisis internacional.

La amenaza de Turquía de confiscar los productos israelíes constituye sólo el primer paso. En el primer trimestre del año, Turquía importó alrededor de medio billón de dólares en productos israelíes. Solamente otros dos países importan mayor cantidad.

El ministro de Finanzas, Yuval Steinitz, podría recordar aquella declaración antisemita del general Evelyn Barker, comandante de las fuerzas del Mandato Británico en Palestina, de que la forma apropiada de castigar a los judíos era atacando sus bolsillos. Steinitz amenaza con congelar el dinero de los palestinos procedente de los impuestos como castigo por su manobra en las Naciones Unidas. La semana pasada arrojó a los palestinos por las escaleras, y tras ellos, al embajador de Estados Unidos junto con su solicitud de acelerar la transferencia de su dinero - sí, tal cual: el de ellos - para que pudieran pagar los salarios antes de tiempo a causa de las vacaciones. Así es como se castiga a los niños que se portan mal.

Ni siquiera un doctor en filosofía como Steinitz podría responder a la pregunta de quién va a pagar los sueldos de los maestros, de la policía y de los médicos palestinos una vez que la Autoridad Palestina anuncie su disolución y los países donantes decidan cerrar el grifo (1,5 billón de dólares al año).

¿Enviará Steinitz a los recaudadores de impuestos a sacar dinero de los mercaderes de Hebrón para cubrir el déficit de Palestina (cerca de medio billón de dólares)? ¿Con qué partida presupuestaria proponen los manifestantes sociales financiar el daño causado por el tsunami diplomático y de seguridad?

Fuente: Haaretz - 11.9.11
Traducción: www.argentina.co.il