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¿Queremos realmente la paz?


Yo acuso al gobierno de Israel (a varios de ellos) no sólo por su incapacidad para garantizar el cumplimiento de los derechos socioeconómicos de sus ciudadanos, sino también por su completa ineptitud para garantizarles seguridad.

El gobierno de Israel ha sido incapaz de brindarles seguridad a sus ciudadanos porque ha rechazado la búsqueda de una solución al conflicto árabe-israelí. Es posible remontarse hasta la década de 1950, cuando el primer ministro Daviv Ben Gurión no mostraba ninguna decepción ante el hecho de que los egipcios fueran demasiado exigentes, pues tenía la firme convicción de que el tiempo estaba de nuestro lado. Sin embargo, muchos acontecimientos posteriores - el no menos importante de ellos: la guerra de 1967 - demostraron que esa creencia era del todo equivocada.

Sus sucesores rechazaron la paz, al menos con Jordania, persiguiendo el anhelo de aferrarse a una Jerusalén Oriental ampliada y al Valle del Jordán, a pesar de que la paz con Jordania proporcionaría una protección mucho mayor que la ocupación de una población hostil, una frontera armada y un continuo estado de guerra. Del mismo modo, unos 20 años más tarde, el gobierno de Itzjak Shamir también rechazó el plan de paz elaborado por Shimón Peres y el rey Hussein. En el medio, quién sabe cuántas propuestas habrán sido ignoradas o rechazadas, y las presentadas por Sadat, entre las más importantes, podrían seguramente habernos ahorrado las miles de vidas que se perdieron en la guerra de Yom Kippur.

Pero supongamos que esa paz con Jordania y Egipto no nos hubiera - y de hecho, no lo hizo - liberado de la cuestión central del conflicto: la cuestión palestina. La exigencia de los palestinos era una clara demanda de suma cero: Palestina en lugar de Israel. Hasta 1988 es así.

Una vez que la OLP, en 1988, aceptó la solución de dos Estados, acordando un único estado en Cisjordania - incluida Jerusalén Oriental - y la Franja de Gaza, junto con el reconocimiento y la paz con Israel, el fin del conflicto se hizo posible. Esta decisión fue un avance equivalente a la histórica visita de Sadat a Jerusalén. El resto sería lo difícil; se mantendría una decidida negociación sobre aspectos específicos y procedimientos, límites exactos, población (asentamientos, refugiados) y, como en el caso de Egipto, los estadounidenses podrían ser convocados para allanar el camino. Pero la paz fue posible.

Tardíamente, el gobierno israelí, bajo un nuevo liderazgo y por muchas razones, se decidió a aprovechar esta oportunidad. Rabin sólo exigió una aclaración y una garantía obligatoria para el futuro: el reconocimiento explícito por parte de la OLP del derecho de existencia de Israel.

Sabemos lo que ha sucedido desde entonces: opositores, de ambos lados, gracias al terrorismo; expansión de asentamientos, asesinatos; todo lo cual no hizo más que evitar el logro de la paz, dando lugar al colapso de Oslo. No es de extrañar que el rechazo por parte de Israel del "compromiso histórico" de la OLP condujera al crecimiento de Hamás y de su violencia en contra de Israel.

Por extraño que parezca, en lo que aparentemente fue un esfuerzo genuino por parte del gobierno de Olmert para alcanzar un acuerdo, los problemas pendientes no eran Jerusalén (en cuyas ambas partes había plena disposición para realizar algunas concesiones) ni los refugiados (el mayor compromiso por parte de la OLP). La cuestión pendiente eran los asentamientos - a saber, la cantidad de territorio que Israel tomaría de Cisjordania para dar cabida a los asentamientos. Eso es a lo que se reduce toda la cuestión: los asentamientos.

Ni que decir tiene que el posterior gobierno de derecha de Netanyahu no ha mostrado interés alguno en continuar la tarea iniciada por Olmert, y ha preferido hacer a un lado a Mahmud Abbás quien sigue defendiendo sus compromisos y buscando alternativas.

Y si el incumplimiento de los compromisos de la OLP sólo ha logrado fortalecer a los palestinos radicales, no debe sorprendernos la ira popular de la región - y fuera de ella - ante el continuo rechazo de la Iniciativa de Paz Árabe por parte de Israel, lo cual prometía a Israel todo lo que este país ha buscado, al menos en apariencia, desde su creación: paz, relaciones normales con todos los estados árabes, seguridad.

¿Funcionaría? ¿Duraría para siempre? ¿Es algo sujeto al azar? Tal vez, pero algo nada azaroso, sino más bien bastante seguro es lo siguiente: cohetes lanzados desde el sur; en algún momento, cohetes disparados desde el norte; renovación de la Intifada y terrorismo desde el este y en el interior, por no hablar del aislamiento político y, probablemente, económico en el mundo.

Esta es la "seguridad" que el gobierno nos promete.

Fuente: Yediot Aharonot - 9.9.11
Traducción: www.argentina.co.il