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Hamás perdió el tren de la historia

Hamás no tiene prácticamente nada que mostrar y se encuentra en una situación completamente insostenible. Su control sobre la Franja de Gaza se está debilitando cada vez más, por lo cual, tampoco posee ya la administración total sobre los ataques contra Israel.

Los islamistas extremos del grupo radical "Monoteísmo y Guerra Santa" han asesinado horriblemente al activista italiano, Vittorio Arrigoni, poco tiempo después de secuestrarlo. Al parecer, el crimen fue cometido como represalia a la detención por parte de Hamás de dos de sus dirigentes hace unos días, a pesar de haber sido presentado primero como un intento de forzar a Hamás para que liberara a los líderes de la organización. Esto demuestra, más que nunca, que los fundamentalistas están enfrentándose a problemas insolubles.

En el discurso israelí, Hamás es percibido como una organización terrorista diabólica. Ha ganado su reputación por estar en gran medida detrás de la ola de atentados suicidas durante la segunda Intifada y el bombardeo del sur de Israel durante años; la razón principal por la cual, hasta el momento, el electorado israelí ha virado hacia la derecha en la última década.

La investigación muestra que la realidad de Hamás es mucho más compleja que lo que el discurso israelí cotidiano deja entrever. Hamás siempre ha tenido un problema de identidad; se debate entre ser una organización principalmente religiosa, ocupada en la definición de sus objetivos en términos islámicos, y un movimiento nacionalista, que busca alcanzar objetivos políticos. No es una organización monolítica; algunas de sus alas están a favor de la tregua a largo plazo con Israel, y otras incluso hablan sobre la posibilidad de paz. Algunos se declaran a favor de la reconciliación con Al Fatah, mientras que otros creen que únicamente el establecimiento de un Estado palestino bajo la ley islámica al oeste del Jordán constituye una meta aceptable a largo plazo.

No importa la complejidad interna de Hamás. Su posición pública afirma tajantemente que el Estado de Israel debe ser destruido, y mantiene su diferencia de Al Fatah por su postura de manifiesto rechazo. Como resultado, Hamás padece el rechazo del mundo libre y se lo considera inaceptable como representante legítimo del pueblo palestino.

Hamás se encuentra ahora en una situación completamente insostenible. Su control sobre la Franja de Gaza se está debilitando cada vez más, por lo cual, tampoco posee ya la administración total sobre los ataques contra Israel. Su definición religiosa-nacionalista está desintegrándose por una serie de causas. Sus credenciales como grupo opositor dominante de línea dura que actúa en contra de Israel están perdiendo valor, flanqueado en su borde más extremista por las corrientes apocalípticas del Islam como Al Qaeda, que van ganando terreno en Gaza.

Los palestinos comienzan a ver un horizonte político. Abu Mazen y Salam Fayyad están acercándose a su objetivo de alcanzar el reconocimiento internacional de un Estado independiente dentro de las fronteras de 1967, y Fayyad es elogiado ampliamente por la consistente y exitosa construcción de las instituciones que habrán de sostenerlo.

Hamás no tiene prácticamente nada que mostrar. Su objetivo de aniquilación de Israel parece tan inverosímil como nunca antes. A diferencia de Al Fatah, que ha logrado mejorar drásticamente la calidad de vida en Cisjordania, la Franja de Gaza continúa languideciendo en la miseria. La negativa de Hamás a participar en las elecciones palestinas propuestas por Abu Mazen demuestra que comprenden con claridad que habrían de sufrir una contundente derrota.

La única estrategia viable para Hamás es avanzar hacia una identidad islamista más pragmática. Investigadores como el politólogo Robert Axelrod han afirmado que los líderes de Hamás se han interesado durante largo tiempo en el modo en el que el IRA logró evolucionar hacia una forma legítimamente política bajo el partido Sinn Feine para ingresar en el proceso político de Irlanda del Norte hasta convertirse en uno de los socios necesarios para lograr la paz en esa región.

Hamás debe acelerar su acción encaminada a convertirse en actor legítimo en el proceso de Oriente Medio si no quiere convertirse en nada más que un irrelevante elemento obstruccionista. Para ello, tendrá que tomar una decisión trascendental y unirse a Al Fatah en la definición de su objetivo de establecer un Estado palestino junto a Israel. Tendrán que hacer público lo que sólo han discutido en privado con algunos interlocutores, como Scott Atran: reconocer la existencia de Israel.

Al hacerlo, podrán revelar a su gente que les interesa de veras su bienestar, y mostrarán a los israelíes que hay horizonte para la paz. En este sentido, el historial de Hamás resulta abismal: al continuar disparando misiles contra Israel durante y después de la Operación Plomo Fundido, ha prolongado y agravado terriblemente el sufrimiento de la población de Gaza. Hamás se mostró más preocupado por saber si era posible disuadir a Tzáhal que por las vidas de sus propios electores.

La tragedia del conflicto de Oriente Medio consiste en que durante casi un siglo ha sido vista como un juego de suma cero. Abu Mazen y Salam Fayyad han demostrado los méritos que tiene el pensar en términos de beneficio mutuo, y la comunidad internacional pronto habrá de recompensarlos con el reconocimiento de Palestina.

Hamás debe darse cuenta de que el continuar apegado a fórmula de suma cero equivale a perder el tren de la historia.

Fuente: Haaretz - 18.4.11
Traducción: www.argentina.co.il