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Cuando la disuasión fracasa

Hay buenos motivos para creer que tanto Hamás como la Jihad Islámica consideran que a raíz del Informe Goldstone y las numerosas denuncias por la operación Plomo Fundido, el gobierno de Israel dudará en llevar a cabo una nueva acción militar en Gaza.

¡Basta de guerra! ¡No más derramamiento de sangre! ¡Dejemos a la disuasión hacer el trabajo de los soldados y de las armas en el campo de batalla!

Ese método es excelente cuando funciona. Tuvo éxito en la época de la Guerra Fría entre EE.UU y la URSS y aquí, en Israel, desde la Guerra de Iom Kipur. Fue la base de los acuerdos de paz con Egipto y Jordania.

Cuando los líderes de un estado que se plantea atacar, entienden que podrían ser derrotados, se disuaden. Esa es la razón por la cual Anwar Sadat, luego de la derrota de Egipto en 1973, decidió encaminar su política hacia la paz. Ese es el motivo por el cual Hafez al-Assad, y posteriormente su hijo Bashar, se abstuvieron de realizar acciones violentas contra Israel durante 38 años desde la Guerra de Iom Kipur.

Por supuesto, siempre existen probabilidades de evaluar erróneamente. Los japoneses en la Segunda Guerra Mundial atacaron Pearl Harbor, partiendo de una apreciación errada de que podrían derrotar a EE.UU. Saddam Hussein estimó que George W. Bush no se embarcaría en una guerra contra él a pesar de sus provocaciones. Por ese motivo, cuando se trata de solucionar la ecuación de la disuasión, debe tomarse en cuenta la posibilidad de una evaluación errónea de la otra parte.

El asunto es totalmente diferente cuando se trata de terroristas. Generalmente no es posible disuadirlos. Es difícil ubicarlos y asestarles un golpe; ellos son responsables únicamente por si mismos y por sus organizaciones, y no les importa si su entorno sufre por las acciones de represalia que podrían llevarse a cabo a raíz de sus actos. Y como es imposible disuadirlos, no hay más remedio que derrotarlos, tal como lo hizo Tzáhal después del atentado a un hotel en Natania durante un Seder de Pesaj en 2002.

Hay terroristas que asumen responsabilidad política sobre la región en la que operan y se sensibilizan ante el daño a la población y a la infraestructura como consecuencia de su accionar. Así ocurre hoy con Hezbolá. En el pasado, este grupo no tenía una base política sólida en Líbano; era difícil identificarlo con el gobierno de ese país o exigirle responsabilidad por sus acciones, más aún cuando el ejecutivo afirmaba que no era capaz de controlarlo. Dicho modelo fue adoptado en otros lugares: organizaciones terroristas fueron consideradas sin ningún control por gobiernos que deberían tener la responsabilidad de lo que ocurría en sus territorios.

Hubo épocas en que los sirios dominaban Líbano y controlaban a Hezbolá, y podían ser considerados responsables de los atentados terroristas que desde allí se realizaban. Era entonces cuando la aviación israelí atacaba infraestructuras en Beirut y en otros lugares de Líbano en respuesta a los lanzamientos de misiles sobre las poblaciones en la frontera norte. Era ahí cuando la presión de Siria sobre Hezbolá determinaba el cese de los disparos.

La situación cambió cuando Siria se retiró de Líbano y Hezbolá se convirtió nuevamente en una organización terrorista sin control. Las condiciones volvieron a cambiar cuando Hezbolá consiguió ser un factor dominante en el panorama político libanés.

En Gaza, la organización terrorista Hamás es el organismo regente y responsable, a pesar de que también aquí podemos comprobar una situación similar a la del paradigma anterior de Hezbolá: la Jihad Islámica no admite el control de Hamás. Entonces, ¿por qué no logró la operación Plomo Fundido basimentar la disuasión a largo plazo contra los lanzamientos de misiles en el sur?

Si dejamos de lado el interrogante de porqué no le ordenaron a Tzáhal finalizar sus acciones y acabar con la capacidad bélica de Hamás en Gaza, hay un buen motivo para creer que tanto Hamás como la Jihad Islámica consideran que a raíz del Informe Goldstone y las numerosas denuncias por la operación Plomo Fundido, el gobierno de Israel dudará en llevar a cabo una acción terrestre adicional en Gaza. Un continuo ataque de misiles se puede interrumpir sólo con una acción militar de infantería.

¿Acaso estamos viendo el fracaso de la disuasión, o quizás se trata de una evaluación errónea de Hamás y la Jihad Islámica?

Fuente: Haaretz - 8.4.11
Traducción: Lea Dassa para Argentina.co.il