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Bibi a presión

Si Netanyahu prolonga el congelamiento, será acusado de falta de carácter, pues habrá cedido a la presión de EE.UU. Sin embargo, de reiniciar la construcción, también lo acusarán de falta de carácter, ya que será responsable de provocar una dañina confrontación con el gobierno de EE.UU.

Usted metió la pata, puede decirle Netanyahu a Barack Obama, después del llamado que hizo el presidente, durante el fin de semana, a extender el congelamiento en la construcción de asentamientos.

La moratoria fue impuesta por un período limitado; 10 meses. La Administración norteamericana eligió aceptar esta resolución. No se puede mostrar arrepentimiento cuando ya finaliza el tiempo establecido y pedir más. No es serio ni creíble.

En lugar de hacer avanzar las negociaciones, Obama está incitando, tanto a Abbás como a Netanyahu, a hacer promesas de las que luego les resultará difícil retractarse. Abu Mazen no puede mostrar un ánimo menos fervoroso hacia Palestina que el presidente de EE.UU. Bibi no puede presentarse como alguien que ha cedido una y otra vez a la presión estadounidense.

Parafraseando la antigua frase de Mao Tze Tung, Obama intenta probar que un viaje de mil kilómetros puede comenzar con un paso mal dado.

La construcción en Judea y Samaria no va a liquidar al presidente de EE.UU, pero su cesación tampoco va a salvarlo. Él tiene otro tipo de problemas. Sin embargo, esto le reporta a Netanyahu un reto complejo. No se trata de una cuestión sustancial, ya que el número de viviendas que puedan construirse o no, no supone ningún cambio importante en el terreno. Tampoco se trata de una cuestión ideológica, con el gobierno apoyando la solución de dos estados.

En este caso, estamos ante un dilema clásico, ilustrado a la perfección por una conocida historia israelí, una sobre Mordejai el pescador y su linterna. "Tira tu linterna al agua", le insisten sus amigos. "Veamos si tienes carácter". Mordejai discute y, finalmente, la arroja al mar. "Definitivamente te falta carácter, le dicen sus amigos. "Te dejas influenciar por cualquiera".

Si Netanyahu prolonga el congelamiento, será acusado de falta de carácter, pues habrá cedido a la presión de EE.UU. Sin embargo, de reiniciar la construcción, también lo acusarán de una completa falta de carácter, pues será responsable de provocar una dañina confrontación con el gobierno de EE.UU sólo para que no quedaran dudas de su carácter, poniendo fin así a las conversaciones que tanto anhelaba.

Y Bibi lo está haciendo con el asunto menos conveniente para Israel que cualquier otro: desmilitarización, derecho al retorno, compensaciones territoriales o Jerusalén. EE.UU y Europa muestran una buena disposición a escuchar las posiciones de Israel. Sin embargo, el reinicio de la construcción es ese tipo de mercancía que nadie quiere comprar. En el mejor de los casos, se interpreta como la capitulación a una minoría radical israelí. En el peor, como una conspiración colonialista. ¿Qué sentido tiene la nueva construcción, se preguntará todo el mundo, cuando lo que se está negociando es una retirada?

Reanudar la construcción significa una gran recompensa para Abbás; su ruta de escape. Él no se merece este premio.

El "truco"


Lo que nos hace falta es algo que Netanyahu ha tratado de evitar durante su segundo mandato: una inequívoca decisión que habrá de dejar insatisfecha a mucha gente.

Suponiendo que Bibi no está preparado para tal resolución, podría ensayar una solución al estilo de Mapai, el viejo Partido Laborista israelí. Puede establecer un "comité ministerial" que reexamine la política de asentamientos en Judea y Samaria. La construcción no se reanudaría hasta que el "comité" no presente sus conclusiones. El primer ministro puede adoptar la propuesta del ministro Mijael Eitán y dividir el asunto en dos: La moratoria será separada del reinicio de la construcción. El congelamiento terminará, sin embargo, la reanudación no podrá comenzar sin otro debate y decisión gubernamentales.

Netanyahu puede declarar que el congelamiento ha terminado, pero prometiéndoles discretamente a los norteamericanos que las herramientas del gobierno habrán de poner en práctica el retraso de la construcción.

Estos trucos no son ciertamente algo de lo que enorgullecerse. Sin embargo, la alternativa - perder la batalla al hacerse responsable del fracaso de las conversaciones, incluso antes de que comiencen - no resulta mucho más seductora.

Sobre la base de lo que ha declarado esta semana, durante la apertura de la sesión de gobierno, Netanyahu parece haber elegido una opción diferente: Hacer de la exigencia de reconocimiento de Israel como Estado del pueblo judío la cuestión principal, lo que relega a Abbás a un lugar marginal. Mientras éste querrá hablar sobre el congelamiento, Bibi argumentará decididamente sobre el reconocimiento. Ambos ejercitarán el rechazo, y la consecuencia será un balance en las culpas.

El problema con este pobre truco es que es muy tranparente. Cada israelí espera que un acuerdo, en el caso de que hubiera uno, ponga fin al conflicto y resuelva las exigencias de los palestinos (y también de la Liga Árabe) a Israel. Sin embargo, la aflicción aflora en un Estado que espera el reconocimiento de su identidad étnica por parte de un pueblo diferente. Esto no es sionista. Tampoco israelí. Tiene que ver con la desesperanza.

"Ha llegado el momento de eliminar el conflicto que provoca ese juego de suma cero que lo acompaña", ha dicho Netanyahu durante su visita a Washington. No todo lo que es malo para los palestinos es bueno para Israel, y viceversa. Sin embargo, sólo pasaron unos días, y él ya está jugando el juego de siempre.

Fuente: Yediot Aharonot - 13.9.10
Traducción: www.argentina.co.il